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Biografía

Rubén Darío Rubén Darío, o Félix Rubén García Sarmiento (Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, 1867 - León, 1916), a los 26 años llegó a Buenos Aires, donde permaneció hasta 1899, en que se trasladó a Europa. Vivió en Madrid, con constantes etapas en París, donde se erigió en uno de los defensores del modernismo, de aquel modernismo que tenía su pontífice máximo en Paul Verlaine.

Su vida amorosa fue bastante agitada y supo poner su fortaleza física, de carácter casi ciclópeo, como defensa de la bohemia andante, que era una de las principales secuelas del modernismo. Como otros tantos genios se sintió atraído, en su momento, por la gracia en calma de Valldemosa, en el archipiélago balear, y llegó, con harta peripecia, hasta el cargo de embajador de su país en España.

Ya casi herido de muerte, en el Ateneo de Madrid, dio una conferencia, en la cual recitó algunas de sus composiciones, entre ellas un soneto que puede considerarse como testamento del poeta, y en el que se revela su hondo amor a España y la Argentina. Terminaba así:

"... alma de rosa en corazón de encina;
voz de pueblos que gritan: ¡Viva España!
Y ¡Viva la República Argentina!"

Fue enterrado en su tierra natal y sus exequias se celebraron en la catedral de León (Nicaragua), donde había sido bautizado 49 años antes.


Obras

Poesía (primeras ediciones)

Abrojos. Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1887.
Rimas. Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1887.
Azul.... Valparaíso: Imprenta Litografía Excelsior, 1888. Segunda edición, ampliada: Guatemala: Imprenta de La Unión, 1890. Tercera edición: Buenos Aires, 1905.
Canto épico a las glorias de Chile Editor MC0031334: Santiago de Chile, 1887.43
Primeras notas, [Epístolas y poemas, 1885]. Managua: Tipografía Nacional, 1888.
Prosas profanas y otros poemas. Buenos Aires, 1896. Segunda edición, ampliada: París, 1901.
Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas. Madrid, Tipografía de Revistas de Archivos y Bibliotecas, 1905.
Oda a Mitre. París: Imprimerie A. Eymeoud, 1906.
El canto errante. Madrid, Tipografía de Archivos, 1907.
Poema del otoño y otros poemas, Madrid: Biblioteca "Ateneo", 1910.
Canto a la Argentina y otros poemas. Madrid, Imprenta Clásica Española, 1914.
Lira póstuma. Madrid, 1919.

Prosa (primeras ediciones)

Los raros. Buenos Aires: Talleres de "La Vasconia", 1906. Segunda edición, aumentada: Madrid: Maucci, 1905.
España contemporánea. París: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1901.
Peregrinaciones. París. Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1901.
La caravana pasa. París: Hermanos Garnier, 1902.
Tierras solares. Madrid: Tipografía de la Revista de Archivos, 1904.
Opiniones. Madrid: Librería de Fernando Fe, 1906.
El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical. Madrid: Biblioteca "Ateneo", 1909. Letras (1911).
Todo al vuelo. Madrid: Juan Pueyo, 1912.
La vida de Rubén Darío escrita por él mismo. Barcelona: Maucci, 1913.
La isla de oro (1915) (inconclusa).
Historia de mis libros. Madrid, Librería de G. Pueyo, 1916.
Prosa dispersa. Madrid, Mundo Latino, 1919.

(de la Wikipedia)


Estilo

Más que el promotor del modernismo en el idioma castellano, Rubén Darío fue el encargado de dotar a la poesía española de una musicalidad hasta entonces desconocida, apoyada, con verdadero genio, en la acentuación tónica que él supo revolucionar y de la que se llevó el secreto.

La forma nueva, el nuevo contenido, todo cuanto define el modernismo, fue lo menos en la grandeza de la obra de Rubén. Su simbolismo, muy francés, sus acentos paganos y sus giros faunescos fueron puramente accidente de época y moda, sobre los que campeó siempre su hondo e intenso sentido musical, auténticamente revolucionario y del que aún se nutre la poesía española, pese a todas las corrientes innovadoras.

Si Rubén se hizo en Buenos Aires, vino a dar medida de su genialidad en la hora de Cantos de vida y esperanza y, con toda su admiración al parnasismo, expresó su personalidad única e independiente en su encuentro en París con Verlaine, de quien se consideraba discípulo, aunque sabía en su realidad temperamental que estaba llamado a crear escuela.

Rubén Darío, como después García Lorca, fue en su obra un constante retornar a los clásicos y un lírico de pura exaltación, tan grande que muchas veces, alcanzaba las graves sonoridades de la épica.

Y por poeta completo, por poeta de raíz espiritual, tuvo siempre una enorme contradicción de pensamiento, que le llevó del epicureísmo a hacerse retratar con el hábito de los callados hijos de San Bruno.

La poesía de Rubén, sin perder un ápice de lo que se debe al sentimiento, fue una perfecta y grandiosa orquestación de las palabras al servicio de la idea. Eufonía de un lenguaje que él supo acrecentar y armonizar para los siglos de los siglos, por encima de todos los modernos intentos de allanar el idioma.


Textos

Rima I

En el libro lujoso se advierten
las rimas triunfales:
bizantinos mozaicos, pulidos
y raros esmaltes,
fino estuche de artísticas joyas,
ideas brillantes;
los vocablos unidos a modo
de ricos collares;
las ideas formando en el ritmo
sus bellos engarces,
y los versos como hilos de oro
do irisadas tiemblan
perlas orientales.
¡Y mirad! En las mil filigranas
hallaréis alfileres punzantes;
y, en la pedrería,
trémulas facetas
de color de sangre.

Rima IV

Allá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
El marinero canta entre dientes.
Se hunde en el agua trémula el sol.
¡Adiós! ¡Adiós!

Sola, llorando, sobre las olas,
mira que vuela la embarcación.
Aun me hace señas con el pañuelo
desde la piedra donde quedó.
¡Adiós! ¡Adiós!

Vistió de negro la niña hermosa.
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡Adiós! ¡Adiós!

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