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Biografía

Ramón de CampoamorMás bajo que alto, grueso y bien conservado, de mirada franca y leal, de frente espaciosa y serena, Ramón de Campoamor (Navia, Asturias, 1817 - Madrid, 1901) lucía casi siempre la más bonachona de las sonrisas; su cabeza, coronada por blanca cabellera, nada tenía de romántica, y su rostro, agraciado y simpático, estaba rodeado por blancas patillas de bolsista, que más le daban expresión de acaudalado y satisfecho banquero, que de melenudo y tétrico poeta. Ese cuerpo, parecido al de un epicúreo, albergaba un alma bondadosa, un carácter jovial, un corazón casi infantil y una poderosa inteligencia.

Este asturiano comunicativo quedó tempranamente huérfano, pensó ingresar en la Compañía de Jesús y después inició estudios de medicina. Su camino, empero, debía ser muy distinto. No servía Campoamor para galeno, sino que valía como poeta. Lo descubrió a tiempo, cuando cursaba estudios de anatomía y fisiología en el colegio de San Carlos, orientado por el distinguido catedrático don Tomás Corral y Oña.

Ya por aquel tiempo habían aparecido algunas poesías suyas, notables por la espontaneidad y frescura de sus versos, y, más que todo, por cierta suavidad en el modo de expresarse que recordaba a Meléndez Valdés.

José de Espronceda lo tuteló con entusiasmo; las puertas de la Biblioteca Nacional se abrieron para él. Le había llegado el momento de estudiar a los clásicos. Campoamor se enfrascó en la lectura, dedicó cinco horas diarias a la consulta de las obras de los grandes maestros y dio formas a su propia obra, bien pronto aplaudida en el Liceo Artístico y en los círculos literarios. La dulzura, el sentimiento y otras inestimables cualidades le valieron el dictado de "poeta de las damas", título que ostentó con orgullo. Sin embargo, su apasionado corazón, lejos de contentarse con el cetro de las preferencias femeninas, buscó en la política la esgrima audaz de la opinión.

El destierro de la reina Cristina (1840) lo movió a escribir una oda en su honor. Durante el reinado de Isabel II se afilió al partido moderado y luego al conservador. Sin embargo, Campoamor no figuraría entre los grandes como hombre político. Como poeta y escritor en prosa, tiene asegurada la inmortalidad.


Obras

Los Cantares se distinguen de los del pueblo por su espíritu reflexivo, por su tendencia filosófica y por su regularidad métrica, que les hace evitar la asonancia y moldearse en redondillas y cuartetas.

Sus Fábulas se distinguen no sólo por su tendencia moralizadora sino también por su malicia de intención irónica.

La historia de Cristóbal Colón, su salida de Palos y el resumen de la historia de España y la Atlántida, figuran en el poema Colón (1853), escrito en octavas reales, de tendencia simbólica y muy desigual en su ejecución.

En las Doloras (1846) unió a la ligereza con el sentimiento y la concisión con la importancia filosófica, hasta hallar la quintaesencia del drama.

Con intención de romper el molde de las antiguas epopeyas, escritas prescindiendo de la filosofía, concibió su poema El drama universal (1869). Ideó un asunto fantástico y complejo a la vez, animado por personajes simbólicos. Esta obra simboliza la redención por el amor: Honorio, el amor sensual; Soledad, el amor ideal; Jesús el mago, el amor divino. Las pasiones y flaquezas del hombre, presentadas con rara habilidad, constituyen lo mejor y más interesante del poema.

El tren expreso, Los grandes problemas, La historia de muchas cartas, Las tres rosas, La gloria de los Austrias, Por donde viene la muerte, Los buenos y los sabios y Cómo rezan las solteras, figuran entre sus poemas más famosos.


Estilo

El realismo y el escepticismo, el espiritualismo cristiano y el panteísmo moderno, la fe y la duda, el pensar y la alegría, la exaltación y el abatimiento se citaron en su obra, innovadora por excelencia.

Su canto, por momentos desconsolador y negativo, por momentos amargo y desesperado, en oportunidades indiferente y frío, expresa el descreimiento de un siglo sin ideales y verifica una profunda revolución en la literatura española, así como gravita en la lírica.

El autor de Las Doloras y los Pequeños poemas emprendió precisamente en la lírica, el camino de la nueva vida literaria; bajó al llano, para conversar con los publicanos, con los presidiarios, con los humildes y los simples, sin mengua de la verdad y sin mengua de la excelsa poesía.

Poco propenso a la morbidez y a la blandura, escribió con exactitud y concisión, narró con naturalidad, diálogó con energía, fue sobrio en la invención y composición, terminó sus cuadros con recursos bien graduados y, dueño de un estilo más nervioso que fluido, más severo y cortado que dulce y rítmico, sobresalió por el brío y por la sentencia.

Biólogo, fisiólogo, anatomista y, sobre todo, químico por pasión expresó las preocupaciones dominantes del espíritu moderno cuyo ideal, en la segunda mitad del siglo XIX, era la ciencia experimental.

Campoamor expuso en La Poética (1883) sus ideas fundamentales acerca de la poesía, considerada como representación rítmica de un pensamiento por medio de una imagen y, en sus Humoradas (1886-88), definió a estas como poesía ligera unas veces, intencional otras, pero siempre precisa, escultural y corta.

"La poesía es la representación rítmica de un pensamiento por medio de una imagen, y expresado en un lenguaje que no se puede decir en prosa ni con más naturalidad ni con menos palabras... Sólo el ritmo debe separar al lenguaje del verso del propio de la prosa... Siéndome antipático el arte por el arte y el dialecto especial del clasicismo, ha sido mi constante empeño el de llegar al arte por la idea y el de expresar ésta en el lenguaje común, revolucionando el fondo y la forma de la poesía."

Las obras teatrales de Campoamor son en general, más adecuadas para la lectura que para la representación, por sus escasas condiciones dramáticas; la acción interna prevalece sobre la externa y el humorismo alterna con las lágrimas.


Textos

A Rubén Darío

A ese del cabello negro,
como la nocturna bruma,
púsole Dios en la pluma,
luz de sideral destello.

Cuando de su canto bello
se oyen ritmos al son,
los sonidos tropicales
de las islas de Colón.

Amar y querer

A la infiel más infiel de las hermosas
un hombre la quería y yo la amaba;
y ella a un tiempo a los dos nos encantaba
con la miel de sus frases engañosas.

Mientras él, con sus flores venenosas,
queriéndola, su aliento empozoñaba,
yo de ella ante los pies, que idolatraba,
acabadas de abrir echaba rosas.

De su favor ya en vano el aire arrecía;
mintió a los dos, y sufrirá el castigo
que uno le da por vil, y otro por necia.

No hallará paz con él, ni bien conmigo
él que sólo la quiso, la desprecia;
yo, que tanto la amaba, la maldigo.

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