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Biografía

Pedro Malón de Chaide. Foto: EcuredUn claro ingenio del siglo XVI fue este fraile agustino, apasionado defensor del idioma en sus ricos valores populares y de los temas devotos, por oposición a aquellos otros que, como los de Boscán, o los de Garcilaso, juzgaba frívolos y perniciosos.

Nació en Cascante (Navarra) y profeso en el convento de San Agustín de Salamanca (1557).

Fue catedrático en Burgos y prior en Huesca y Zaragoza. Tras ocupar por sus relevantes méritos altos cargos en la orden, adquirió gran fama como poeta. También en los púlpitos Fray Pedro obtuvo predicamento entre sus fieles. De palabra suelta, recursos variados y temática amena, su reputación como orador sagrado y como teólogo trascendió a ciudades distantes. Murió en Barcelona, en 1589. Para Tiknor, la mejor de sus poesías es la oda en que pinta el amor de la Magdalena al Salvador después de la resurrección.


Obras

Un solo libro basta para dar a Fray Pedro Malón de Chaide sitio de privilegio entre los escritores religiosos del siglo XVI: el Libro de la conversión de la Magdalena, el más brillante, compuesto y variado, el más alegre y pintoresco de la literatura devota en España; "halago ponderable de los ojos" en el decir de Menéndez y Pelayo.

Esta obra es una bella paráfrasis del Evangelio de la fiesta de la Santa y está dividida en cuatro partes, pues aunque "siguiendo la cuenta del evangelio bastaban sólo tres, conforme a los tres estados que la Magdalena nos pinta..., de pecadora..., de penitente y... de gracia y amistad de Dios; con todo eso, yo he antepuesto otra parte a estas tres, que es el primer estado del alma antes del pecado, por parecerme necesario de saber cómo va cayendo del estado de gracia en el pecado". A continuación, y precedida de breve advertencia, va la versión parafrástica del salmo 88, "Misericordias Domini in aeternum cantabo" y se cierra el libro con la versión, también parafraseada, del sermón de Orígenes.


Estilo

El prólogo contiene una severísima crítica de los libros de caballerías y de los poetas profanos, sin excluir a Boscán y Garcilaso. El espíritu ascético y religioso del Padre Malón veía con tristeza los estragos que hacían en las almas los que él llamaba "libros lascivos y profanos"; vivía, pues, preocupado por terminar con la influencia perniciosa de esas obras y por tal motivo escribió las suyas en castellano, amenizando su fina prosa con las galanuras de la poesía.

Precisamente el hecho de que su libro estuviese escrito en castellano le acarreó innumerables contratiempos para su publicación, lo que le dio pretexto para estampar en su prólogo una de las más hermosas apologías de nuestra lengua, diciendo, con razón, que "habemos de ver muy presto todas las cosas curiosas y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en su perfección, sin que tenga envidia alguna de las del mundo, y tan extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo; de donde se seguirá que la gloria que nos han ganado las otras naciones en esto, se la quitamos, como lo hemos hecho en lo de las armas...".

No se han hallado poesías sueltas del Padre Malón; pero las muchas intercaladas en el texto "para sólo desempalagar el gusto cansado de la prosa", prueban que no era usurpada la fama que gozaba de altísimo poeta. Se pareció mucho a Fray Luis de León, tanto por su estilo como por su manera.


Textos

Libro de la conversión de la Magdalena

Estando pues la Magdalena a los pies del Señor, callando, lavando, limpiando, besando y ungiendolos, y estando el Redentor a todo ello quedo y sin hablar palabra, Simón el fariseo que le había convidado (que según dice mi padre San Agustín era de aquellos que se picaban de santos, y decían lo de Isaías, "Recede a me, noli me tangere quia mundus sum": Tenéos allá, no me toquéis que me ensuciaréis, y yo soy limpio), conocía a la Magdalena, y espantado de que el Señor se dejase tocar de mujer tan pecadora, a su parecer, que sí a él se llegara la echara a coces de sí, y no comiera aquellos ocho días de puro asco, y había poca agua en Hebro para lavarse, comenzó a decir entre sí: ¿Este es el que me decían que era tan santo y tan profeta? Yo creí que había convidado a otro Eliseo, que desde Samaria sabía cuánto hacía el rey de Siria en su cámara, pero me parece que me he engañado; porque si fuera profeta, supiera qué pieza es la que le toca, porque es una gran pecadora. No decía verdad Simón en decir que a aquella hora era pecadora la Magdalena, puesto que lo hubiese sido, que no era sino justa, y harto más que él. He aquí los juicios de los hombres.

Terrible caso, señores, que porque uno haya sido pecador un año, lo ha de ser cuatro y toda la vida. Y que os parezca a vos, que porque aquél cayó, que ya no hay que aguardarle enmienda. Pues yo os prometo que suele a veces el caído levantarse con tal ánimo, que pelea mejor que el que no cayó. Veréis una pobrecilla mujer que tuvo alguna flaqueza, y sí vuelta de ella por la misericordia de Dios trata de servirle, de confesarse a menudo, de ir al templo, y de oír misa y recogerse, sale el fariseo y la otra mofadora murmurando...

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