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Biografía

José Francisco de Isla y RojoEl padre Isla, José Francisco de Isla de la Torre y Rojo (Vidanes, León, 25 de abril de 1703 – Bolonia, 2 de noviembre de 1781) se distinguió por la temprana madurez de su ingenio y a los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús.

No cedió el Padre Isla a las tentaciones de la ambición y del poder, sino que se mantuvo alejado de éstas, atento a su trabajo literario y a sus obras pías. Cuando el Marqués de la Ensenada le propuso para confesor de la reina doña María Bárbara, a aceptar el encargo, perdiendo una buena oportunidad de actuar en la corte. Con el jesuita Petisco contribuyó a restaurar los estudios de humanidades. Afrontó con dignidad los azarosos capítulos de la expulsión (1767): abatido y gravemente enfermo, sacó fuerzas de resignación y marchó al destierro. Pasó una breve temporada en Córcega, de donde se trasladó a la provincia de Bolonia. Los condes Tedeschi lo alojaron y agasajaron. Acogido a tan tierna hospitalidad prosiguió con sus escritos, sin dejar de relacionarse con los estudiantes del Colegio Español.

Su buen corazón le indujo a efectuar obras de bien. Dispensó caridad en la medida que se lo permitieron sus menguados recursos.

Fue versado en oratoria y escribió con galanura sobre las fuentes de la misma: historia, apólogos y parábolas, adagios y refranes, jeroglíficos, emblemas, testimonios antiguos, dichos graves y sentenciosos, leyes, sagrada escritura y descripción de lugares: ensalzó a los buenos predicadores franceses San Francisco de Sales, Bourdaloue, Flechier, Lafiteau y a los españoles Vela, Salvador Osorio y el Doctor Rada y Aguirre. Su obra suscitó graves controversias de parte de algunas órdenes contra los jesuitas.


Obras

Papeles crítico-apologéticos (1726)

El tapabocas (1727)

Juventud triunfante (1727)

Cartas de Juan de la Encina. Obra de... Josef Francisco de Isla... contra un libro que escribió don Josef Carmona, cirujano... Intitulado: "Método Racional de curar Sabañones" (1732)

Triunfo del amor y de la lealtad. Día grande de Navarra (1746)

Historia del famoso predicador Gerundio de Campazas, alias Zotes. (1758 primera parte y 1768 la segunda).

Mercurio general de Europa, lista de sucesos varios (1758).

Los aldeanos críticos o cartas críticas sobre lo que se verá (Madrid, 1759).

Cartas familiares (1786) (Barcelona, 1883. León, 1903).

Cartas a mi tia la de Albacete (1787)

Reflexiones cristianas sobre las grandes verdades de la fe (Madrid, 1785).

Cartas atrasadas del Parnaso y Sueño escrito por el padre Josef Francisco de Isla en la exaltacion del Señor D. Carlos III (que Dios guarde) al trono de España (Madrid: Oficina de Pantaleon Aznar, 1785).

Sermones (1792 y 1793, seis vols).

Colección de papeles crítico-apologéticos (Madrid, 1787 1788, dos vols).

(Wikipedia)


Estilo

No fue propiamente un escritor clásico, pues por su mucha lectura de obras francesas no faltan los galicismos en las suyas. Escribió las Cartas de Juan del Encina (fechadas en el supuesto lugar de Fresnal del Palo) satirizando a un cirujano de Segovia, autor de un Método racional de curar sabañones, con motivo de ciertas ruidosas disputas entre médicos y cirujanos de dicha ciudad, promovidas al asistir a la hija de un regidor perpetuo de Segovia que padecía aquella dolencia. El triunfo del amor y de la lealtad o Día Grande de Navarra (1746) es la descripción de las fiestas celebradas en Pamplona al subir al trono Fernando VI, fiesta que de Isla y Rojo no había presenciado. Al principio nadie sospechó malicia alguna, pero después fue considerado este opúsculo como una sátira o ingeniosa burla; tal es la pomposa exageración con que alabó a las personas más significadas de Pamplona. La Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1758), que tiene dos partes, publicada con el nombre de Francisco Lobón de Salazar, beneficiado de Aguilar y cura de Villagarcía de Campos, es obra en la cual se combinan constantemente, del modo más extraño, dos elementos: una novela satírica y burlesca acerca de los malos predicadores y un tratado didáctico de oratoria religiosa, en el que no faltan algunas disertaciones sobre ciertos puntos pedagógicos.

Isla, además de atentar contra el orden y la proporción, denotó algunas veces falta de gusto en el trazo del carácter de algunos personajes, particularmente de Fray Blas y Fray Gerundio, a veces golosos y embusteros: pintó a Fray Gerundio admirando e imitando las extravagancias y los disparates de los sermones de su maestro Fray Blas, que eran un tejido de "fábulas ridículas, insulsas e impertinentes", extraídas en gran parte de la mitología y de la historia, totalmente inadecuadas, sembradas de multitud de textos latinos, innecesarios, de chistes irreverentes, de versos ridículos en eco, latinos y castellanos, de anagramas y otros dislates por el estilo. Con respecto a otros personajes secundarios, si bien se esforzó por imitar el tosco lenguaje de algunos campesinos y con particular socarronería procuró reflejar la gramática parda de rústicos y aldeanos, ello no fue suficiente para dar a su pintura rasgos de verdadera espontaneidad. Supuso a Fray Gerundio predicando en 1700 e intercaló algunos cuentos a modo de chascarrillos.

La obra comprende una parte novelesca y otra histórica. En la primera se cuenta como Fray Gerundio, hijo del rústico Antón Zotes, "aún no sabía leer ni escribir y ya sabía predicar"; hechos sus primeros estudios entró en cierta orden, siendo discípulo en oratoria sagrada de Fray Blas, predicador grotesco; nunca atendió las sanas doctrinas oratorias con que le amonestaron Fray Prudencio el Magistral y algún otro clérigo discreto e instruido.


Textos

Fray Gerundio de Campazas

La verdad sea dicha (porque ¿qué provecho sacará el curioso lector de que yo infierne mi alma?), que cuanto más cuidado ponía el incomparable fray Toribio en embutir a sus discípulos en estas inútiles sutilezas, menos entendía de ellas nuestro fray Gerundio. No porque le faltase bastante habilidad y viveza, sino porque como el genio y la inclinación le llevaban hacia el púlpito, que contemplaba carrera más amena, más lucrosa y más a propósito para conseguir nombre y aplauso, le causaban tedio las materias escolásticas, y no podía acabar consigo el aplicarse a estudiarlas. Por eso era gusto oírle las ideas confusas, embrolladas y ridículas que él concebía de los términos facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicación del maestro. Llegó éste a explicar los grados metafísicos de ente, sustancia, criatura, cuerpo, etc. Y por más que se desgañitaba en enseñar que todo lo que existe es ente; si se ve y se palpa, es ente real, físico y corpóreo; si no se puede ver ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo cuanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, inmaterial e incorpóreo; si no tiene más ser que el que le da la imaginación y el entendimiento, es ente intelectual, ideal e imaginario; siendo ésta una cosa tan clara, para fray Gerundio era una algarabía. Porque, habiendo oído muchas veces en la religión cuando se trataba de algún sujeto exótico y estrafalario, Vaya que ése es ente,jamás pudo entender por ente otra cosa que un hombre irregular o risible por algún camino. Y así, después que oyó a su lector las propiedades del ente, contenidas en las letras iniciales de aquella palabra bárbara R. E. V. B. A. U., cuando veía a alguno de genio extravagante, decía, no sin vanidad de su comprehensión escolástica: «Éste es un reubau, como lo explicó mi lector».

Por la palabra sustancia, en su vida entendió otra cosa más que caldo de gallina, por cuanto siempre había oído a su madre, cuando había enfermo en casa, Voy a darle una sustancia. Y así se halló el hombre más confuso del mundo el año que estudió la física. Tocándole argüir a la cuestión que pregunta si la sustancia es inmediatamente operativa, su lector defendía que no. Y fray Gerundio perdía los estribos de la razón y de la paciencia, pareciéndole que éste era el mayor disparate que podía defenderse; pues era claramente contra la experiencia, y a él se le había ofrecido un argumento, a su modo de entender, demostrativo que convencía concluyentemente lo contrario. Fuese, pues, al general muy armado de su argumento, y propúsole de esta manera:

-El caldo de gallina es verdadera sustancia; sed sic est que el caldo de gallina es inmediatamente operativo; luego la sustancia es inmediatamente operativa.

Negáronle la menor, y probola así:

-Aquello que, administrado en una ayuda, hace obrar inmediatamente, es inmediatamente operativo; sed sic est que el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace obrar inmediatamente; luego el caldo de gallina es inmediatamente operativo.

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