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Biografía

Marcos SastreEn el frente de la biblioteca del Salón Literario de la Librería Argentina, fundada por Marcos Sastre (Montevideo, 2 de octubre de 1808 - Buenos Aires, 15 de febrero 1887) en Buenos Aires, podía leerse: "Abjiciamus ergo opera tenebrarum, et induamur arma lucis": desechemos las obras de las tinieblas, y vistamos las armas de la luz. Tal lema, en plena época de Rosas, resultaba mucho más que una simple declaración de propósitos. Era, casi, un abierto desafío. Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez frecuentaban las tertulias a las que Sastre concedía autoridad con su reputación de consumado bibliófilo.

También solía aparecer de vez en cuando, el editor Pedro de Angelis, espía de Rosas. Se habla de literatura, de ciencia, de educación pública...

Pero los tiempos son difíciles para Argentina: fogosos corazones preparan la rebelión.

Marcos Sastre, a pesar de su influencia, no puede evitar que sus contertulios den rienda suelta al entusiasmo, y se ve obligado a rematar su librería. Mal negocio aquél, efectuado precipitadamente a instancias del celo policíaco. Sin embargo, Sastre ha sido siempre un mal comerciante desde los días en que cambiaba libros de valor por otros de dudoso contenido, al solo efecto de sustraer a sus jóvenes clientes de la nefasta influencia de la literatura mercenaria.

Aquel grupo de asiduos concurrentes al salón literario se refugia en la clandestinidad, funda la Asociación de Mayo, bajo la dirección de Echeverría, y comienza a trabajar por la libertad. La librería del pacífico maestro se ha convertido, de tal suerte, en el punto de partida de la "joven Argentina", dispuesta a darlo todo por el sagrado despertar de la libertad.

Sastre se instala en el campo, compra una majada de las ovejas más finas del país, se dedica a la cría de merinas, estudia el mejoramiento de las lanas, sigue los consejos de Clauz, cuya traducción del alemán acaba de publicar, prospera rápidamente hasta que se arruina, debido al largo bloqueo francés.

En San Fernando todavía queda la vieja casa de sus padres. En ella se refugia. Las islas del Delta le seducen; viaja, navega los riachos, realiza pacientes estudios sobre las condiciones de la tierra, geología y productos naturales.

En 1840 el país se agita en el terror. Le tildan de "salvaje unitario" y le confiscan sus pocos bienes. Sin embargo, Sastre sobrevive al puñal y en 1846, toma a su cargo la dirección del colegio de los jesuitas, desde el cual irradia su talento. Toda su vida, toda su obra, están al servicio de la cultura y del honor; perseguido nuevamente, difamado, apresado, rehabilitado luego de absurdas calumnias, jamás arrió sus estandartes, ni se sometió. Cinco años después de la caída de Rosas, cuando todo estaba por hacerse, cuando no había maestros, ni escuelas, ni medios, emprende la difícil empresa de organizar la instrucción pública, interesa a las autoridades, convence a los padres descreídos, familiariza a los educadores con la organización escolar, traza los planos de nuevos edificios, crea bibliotecas, idea nuevos métodos de enseñanza (Método ecléctico, Lecciones de Aritmética, Lecciones de Gramática Castellana) y, al cabo de cinco años, consigue la victoria final.

Maestro con verdadera vocación, amó a la niñez con ternura, quiso para ella la escuela higiénica, grande, hermosa, llena de aire y de luz. Una escuela que, como su corazón, fuese el receptáculo de las armonías más bellas, de las emociones más simples, de los renunciamientos más generosos.


Obras

Su obra maestra, El Tempe argentino, es un poema en prosa, de sencillez admirable, en el que levanta la cortina que esconde los secretos del delta del Paraná.

Con delicado acierto traza las comparaciones de esta región del Nuevo Mundo con el valle del Tempe, regado por las mansas aguas del Peneo y que fue para la poesía griega la imagen de los Campos Elíseos. Prolijas nociones sobre las aves y los cuadrúpedos que habitaban entre las frondosas arboledas; detalles sobre sus costumbres, sus instintos, sus variedades; descripción de bellezas olvidadas, de rincones idílicos, hacen de este libro, tan americano, tan sabio, tan elocuente, tan bello, un documento que los naturalistas agradecen.

Marcos Sastre lo dio a la prensa en el año 1858, en la Biblioteca Americana. Su éxito fue inmediato, porque es la consecuencia de pacientes estudios sobre condiciones de la tierra, geología, productos naturales; cada página nos revela la presencia del hombre solitario, hechizado por un paisaje de vegetación lujuriosa, de colorido fascinante, con un río generoso por la variedad de sus peces y una espléndida naturaleza, llena de frutos.

El escrito se maravilla, se postra y canta. Su lira recorre la fronda, descubre sonidos, remonta los cauces de agua, toma la voz cálida de los habitantes de las islas, traduce, en fin, aquello que permanece oculto a los ojos del profano y que solamente puede distinguirse con ayuda de una inteligencia lúcida y de un corazón generoso.

De sus libros de pedagogía destacan Sistema de enseñanza primaria, Guía del preceptor, Educación popular y Anagnosia.


Estilo

El paisaje ejerció poderosa influencia en el espíritu de Marcos Sastre, quizás porque en su amor por las plantas, por los panoramas de vegetación exuberante, por los vivos cuadros que la naturaleza le ofreció durante sus viajes de la infancia, creyó hallar la más grande y definitiva paz, tan necesaria a su formación de misionero y de maestro.

Laborioso, lector incansable, pedagogo de profunda lógica, apologista de las virtudes que hacen al ciudadano y al hombre de bien, Sastre dio de sí la originalidad de sus métodos de enseñanza, la erudición de sus artículos de crítica literaria, de sus traducciones, de sus charlas. Por todo ello no pidió ni aceptó recompensa, porque su obra, como su vida, hubo de nutrirse en la humildad por designios de un particular mensaje. Fue la suya una tarea para la juventud, una incesante búsqueda de verdades, jamás traicionadas por la apetencia de fortuna. En la pobreza material, en el anonimato casi, este espíritu contemplativo modeló la arcilla de su fe, para entregar a las generaciones que le sucedieron un ejemplo que resiste cualquier crítica.

Mientras educaba a sus hijos concibió el hermoso opúsculo Consejos de oro, sobre educación escolar y doméstica, los cuales, llenos de sabiduría, deben servir de enseñanza a las madres y a los maestros. El mismo, con cierta ingenua sencillez, confiesa en la dedicatoria: "Los consejos que os ofrezco serían de un bajo metal si fuesen míos. Los he sacado de tres libros, después de un estudio dilatado: el libro de la religión, el libro de la ciencia y el libro de la naturaleza". Halló, ciertamente, para las madres, el canto bíblico, inflamado de gratitud; para los educadores, empleó el lenguaje llano, sincero, desprovisto de toda afectación, tal como cuadra al estilo de una profesión que amaba y comprendía.

Según Rafael Gagliano, profesor de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, "Marcos Sastre es, junto con Sarmiento, la figura más importante del siglo XIX en educación. Su producción y su intervención en la cultura de la época, es comparable a la de Sarmiento".


Textos

El Tempe argentino

El Paraná, como otros muchos ríos, tiene en su embocadura un terreno formado de aluviones y otras causas, que se llama delta por su figura triangular semejante a la letra griega de ese nombre. El delta del Paraná está comprendido en tres varios brazos denominados Paraná de las Palmas, Carabelas, Paraná Miní, y Paraná Guazú, por los cuales desemboca en el río de la Plata. Es un vasto triángulo isósceles envuelto por el Paraná, el Uruguay y el Plata, que presenta a estos dos últimos su base de unas quince leguas, con una altura que no bajará de treinta, y cuyo vértice está enfrente de la Villa de San Pedro. Este es el territorio insular, que, careciendo de nombre, he querido designar con el de Tempe Argentino.

[...]

El bajo Paraná, ramificado en mil canalizos que entrelazan sus innumerables islas con una red de hilos de agua, cada día detiene su curso y retrocede para acariciar y estrechar entre sus brazos aquellas hermosas hijas de su seno, a quienes sin cesar acrecienta y enriquece con su abundante sedimento y frecuentes riegos. De este cotidiano retroceso de las aguas, ocasionado por los vientos, resulta que todos los canales y arroyos del delta corren alternativamente en direcciones encontradas, facilitando de tal modo la navegación y los transportes, que no hay sino esperar el momento en que el curso del río sea favorable, para llegar al punto deseado, al solo impulso de la corriente. Así es que aquel celebrado dicho de Pascal, que los ríos son caminos que andan, puede aplicarse con toda propiedad a esta parte del Paraná, pues que es un camino que conduce a los navegantes hacia rumbos opuestos. Las valiosas producciones de las islas, que manaron día por día durante siglos, cual ríos de leche y miel, no han bastado para llamar la atención sobre el inagotable venero que las cría. Los habitantes de la campaña construyen sus casas, cercas, corrales, carros y arados con las maderas de las islas, sin saberlo. El negociante europeo paga con estimación las pieles de nutria y capibara, ignorando quizá su procedencia. La cascara que suministra el tanino para la curtiembre, la leña con que se proveen las fábricas y el hogar, el zumo refrigerante de la naranja, la exquisita miel, los delicados duraznos, son bienes que se disfrutan en Buenos Aires y en las poblaciones ribereñas de una y otra banda de los tres ríos, sin que se conozca el suelo que espontáneamente los produce. Siglos hace que estas islas preciosas están entregadas al hacha destructora del leñador indolente, y son sin tregua esquilmadas por la ciega codicia del hombre inculto, sin el coto de la ley y sin el correctivo reparador de la industria.

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