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Biografía

Marcel SchwobMarcel Schwob (Chaville, Hauts-de-Seine, 1867 – París, 1905) nació en Francia y descendía de antiguas familias judías de médicos y rabinos distinguidos, letrados y eruditos. Su vocación literaria se manifestó temprana. Marcel, de esmeradísima educación, se dedicó al estudio con ahínco, se aficionó a la literatura y siendo todavía un adolescente se inició en el periodismo. El movimiento simbolista lo ganó muy pronto. A los veinticuatro años, dotado ya de agudo sentido crítico, publicó su primer libro Coeur double. A la novela y el cuento se suma, en la erudición de su Schwob, la filología. Profundo conocedor del francés antiguo, humanista, letrado eminente, efectuó profundos estudios sobre el poeta François Villon y la banda de los 'coquillards' y defendió su tesis acerca del argot, afirmando que éste no es de formación espontánea, sino un lenguaje artificial, destinado a una determinada clase. Fue un sentimental. De 1890 a 1893 amó con pasión a una pobre y enfermaba muchachita, Louise, que se consumía en los arrabales, minada por la miseria y la crisis, la cuidó con exquisita devoción, trató de salvarla, le prodigó atenciones enternecedoras. Louise murió en sus brazos, pero resucitó en Le livre de Monelle.

A principios de 1895, Margarita Moreno, actriz de la Comédie Française, de exótica belleza y voz privilegiada, enloqueció de amor al joven escritor, cuya salud declinaba. A fines de aquel año, un mal misterioso atacó a Schwob, quien debió someterse a cuatro operaciones, de las cuales salió inválido. Margarita Moreno, que ya era su mujer, le ofreció sus brazos, su corazón, su fe. Gracias a ella pudo sobrevivir diez años, aletargado por los hipnóticos y analgésicos entre los cuales dio término a sus últimos trabajos de erudición y de crítica.

Apasionado por la obra de Stevenson, se lanzó tras su recuerdo y viajó a Samoa, en 1901. Tan sólo le acompañaba su fiel criado Ting, pues Margarita tuvo que permanecer en Francia, retenida por sus obligaciones de 'sociétaire' del Théatre Français. El viaje, terrible, estuvo a punto de terminar con su vida. Sin embargo, el desenlace no se produjo hasta el 26 de frebrero de 1905, en París.

Fue admirado y querido por las figuras más representativas de su tiempo. Mallarmé, Anatole France, Edmond de Goncourt, Mirbeau, Elémir Bourges, Alphonse y Léon Daudet, Julia Renard, André Gide, Paul Fort, Bataille, Maeterlinck, Claudel, Colette, Francis Jammes, lo distinguieron y respetaron. Sí tal sucedió es porque, como hombre, Marcel prodigó simpatía, ayudó a su prójimo, ponderó el talento ajeno y supo ponerse a la altura de los demás. Tenía su mirada una encantadora dulzura, sus ademanes eran seductores, su erudición excepcional le permitía orientar a sus amigos hacia los autores más convenientes para ellos.


Obras

Étude sur l’argot français (1889)
Coeur double (1891)
Le Roi au masque d’or (1892)
Mimes (1893)
Le Livre de Monelle 1894)
Annabella et Giovanni (1895)
La Croisade des enfants (1896)
Spicilège (1896)
Vies imaginaires (1896)
Féminies (1896)
La Porte des rêves (1899)
La Légende de Serlon de Wilton (1899)
La Lampe de Psyché (1903)
Mœurs des diurnales (1903)
Le Parnasse satyrique du XIVe siècle (1905)
François Villon (1912)
Chroniques (1981)


Estilo

Aquello que las historias no nos cuentan, nos lo ofrece el arte. Porque el arte es todo lo contrario de las ideas generales, describe lo individual, propende a lo único. Los biógrafos antiguos apreciaron solamente la vida pública y la gramática, nos transmitieron únicamente los discursos y los grandes títulos de los libros de sus hombres públicos. El sentimiento de lo individual empezó a desarrollarse en los tiempos modernos y fue Aubrey quien, dotado del instinto de la biografía, indagó los rasgos singulares e inconfundibles que definen una personalidad y explican su comportamiento histórico. Y esto sí, es arte.

Marcel Schwob lo practicó con aguda perspicacia. Sin recurrir al procedimiento de la deformación, particularizó a los personajes de condición más ilusoria, usando una mezcla de poesía y de realidad, de erudición y de ensueño. Sus libros invitan a meditar, después de cautivarnos con acentos imprevistos, con rostros inimaginados, con vestiduras, ademanes y actitudes peculiares. Vidas imaginarias es su obra maestra, mezcla de ficción y biografía. Su frase "henchida de savia" constituye el elemento primordialísimo que mueve a los protagonistas, casi todos históricos.

Intervienen, también, figuras de plano secundario, como Clodia, Crates, Pocahontas, Burke y Hare, o bien humildes, como Frate Dolcino, Gabriel Spencer, Katherine. Las hay fabulosas (Eróstrato), o ilustres (Empédocles, Luciano, Petronio), o literarias (Sufrah, aliado de Aladino y la lámpara maravillosa). En las páginas de Vidas imaginarias se mueven, actúan, gozan, sufren, veintidós seres investigados en las fuentes más diversas, desde Diógenes Laercio hasta de Quincey.

Schwob consultó a los historiadores griegos y latinos, recorrió los anales de la criminalidad londinense, estudió a los tratadistas de la Cábala, a los cronistas medievales; investigó pacientemente el proceso de Juana de Arco, los testimonios de la piratería. Sobre este fondo histórico situó las figuras, personales o genéricas, en ágiles viñetas que van desde la Grecia antigua hasta las márgenes del Támesis.

Su libro, lleno de evocaciones, mereció ser calificado por Goncourt como "el más maravilloso resucitador del pasado".


Textos

Vidas imaginarias: El capitán Kidd: Pirata

Hacía mucho tiempo que Kidd sentía celos del famoso Ireland, que saqueaba todos los convoyes. Le prometió a lord Bellamont que tomaría su chalupa y que lo traería con sus compañeros para hacerlos ejecutar. La Aventura llevaba treinta cañones y ciento cincuenta hombres. En primer término Kidd tocó Madeira y se aprovisionó de vino; después Bonavist, para cargar sal; por fin Saint Lago, donde completó el aprovisionamiento. Y de ahí se hizo a la mar hacia la entrada del Mar Rojo donde, en el Golfo Pérsico, hay un lugar en una pequeña isla que se llama la Clef de Bab.

Fue allí donde el capitán Kidd reunió a sus compañeros y les hizo izar el pabellón negro con la cabeza de muerto. Juraron todos, sobre el hacha, obediencia absoluta al reglamento de los piratas. Cada hombre tenía derecho a votar e igual opción para provisiones frescas y licores fuertes. Los juegos de naipes y de dados estaban prohibidos. Las luces y candelas debían estar apagadas a las ocho de la noche. Si un hombre quería beber después de esa hora, bebía en el puente, en la oscuridad, a cielo abierto. La compañía no recibía mujeres ni muchachos. Aquel que los introdujera disfrazados sería castigado con la muerte. Los cañones, las pistolas y los machetes debían mantenerse bien cuidados y relucientes. Las querellas se ventilarían en tierra, con sable o con pistola. El capitán y el segundo tendrían derecho a dos partes; el maestre, el contramaestre y el cañonero, a una y media; los otros oficiales a una y un cuarto. Reposo para los músicos el día del Sabbat.

Vidas imaginarias: Lilit

Entonces amó a Lilit, la primera mujer de Adán, que no fue creada a partir del hombre. No fue hecha de arcilla roja, como Eva, sino de materia inhumana; había sido semejante a la serpiente, y fue ella quien tentó a la serpiente para que ésta tentara a los demás. Le pareció que era la más auténticamente mujer, y la primera, de tal manera que a la joven del Norte que amó finalmente en esta vida, y con la que se casó, le dio el nombre de Lilit.

Pero era puro capricho de artista; ella se asemejaba a las figuras prerrafaelitas que él hacía revivir en sus lienzos. Tenía los ojos del color del cielo, y su larga cabellera era luminosa como la de Berenice que, desde que la ofreció a los dioses, está esparcida por el firmamento. Su voz tenía el sonido suave de las cosas que están a punto de romperse; todos sus gestos eran delicados como roces de plumas; y tenía con tanta frecuencia el aspecto de pertenecer a un mundo diferente del de aquí abajo, que él la miraba como una visión.

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