Índice alfabético > U > Luis de Ulloa y Pereira

Biografía

En tiempos de Felipe IV, don Luis de Ulloa y Pereira descolló como arquetipo del valeroso caballero, algo taciturno, censor implacable de los vicios de la corte y poco dado a fiestas y confidencias.

Tenía un carácter pesimista y tétrico. Gustaba corregir los defectos ajenos y los propios con cierta fruición extraña, como si el cilicio y la penitencia allegaran placer a su alma atormentada por misterioso imperativo. Fue fidelísimo partidario del Conde–Duque de Olivares, a quien siguió al destierro. Allí escribió sus memorias y sus muchas epístolas, compuestas con empaque y severidad. Natural de Toro, debió su fama al poema Raquel (1650), en octavas reales, que refiere los amores trágicos de la hermosa judía Raquel con Alfonso VIII.


Obras

Memorias familiares y literarias (en prosa)

Obras, prosas y versos... (Madrid, 1659)

Paráfrasis de los siete salmos penitenciales

Soliloquios (Madrid, 1655)

Raquel (1650)

Defensa de los libros fabulosos y poesías honestas y de las comedias

Porcia y Tancredo (comedia)

Pico y Carente (comedia)

No muda el amor semblante (comedia)

Alfonso Octavio (comedia)

La mujer contra el consejo (comedia)

Encuentro en Toro con el Conde-Duque de Olivares y noticias suyas (obra histórica)


Estilo

Los ardientes amores de Alfonso VIII con la judía de Toledo pertenecen más a la tradición que a la historia, aunque ésta los admitió imprudentemente. En la actualidad, están relegados al mundo de las consejas y las fábulas.

Lo que históricamente se ha desvanecido a la luz de la crítica rigurosa, ha tomado forma en alas de la poesía. La desgracia de aquella hermosa judía se ha cantado en poemas, se ha representado en teatros y ha sido el tema de un poema de intención moralista, escrito por don Luis de Ulloa y Pereira con tono estoico y aire desengañado, con elocuencia aunque sin mayor inspiración, por lo que sus méritos son más oratorios que poéticos. Aún con los defectos señalados, la obra de Ulloa puede llamarse con justicia el último suspiro de la musa castellana, por la época en que fue escrito y por el realce y belleza de algunos de sus versos. Luzán la recomienda frecuentemente en su Poética y trata al autor con aprecio y aplauso, fundados, más que en sus dotes personales, en la comparación de su estilo con el de los mediocres literatos de aquel tiempo.

La muerte de Raquel a manos de los nobles de Castilla inspiró a Ulloa el poema Raquel, del que se derivaron, entre otros, La judía de Toledo, comedia de Diamante, y La Raquel, tragedia de García de la Huerta.


Textos

Raquel

De los triunfos de amor, el más lucido,
El trance del dolor más apretado,
La causa del poder más ofendido,
El fin en el favor más desdichado,
El rigor más cruel que ha cometido,
Violencia irracional, canto inspirado,
No por conceptos de mi genio sólo:
Yo los escribo, díctalos Apolo.

Vos, príncipe, que fuiste el primero,
El único seréis a quien elija
Mi musa en su defensa, porque espero
Razón de que se valga y se corrija;
Y que, alumbrada del mejor lucero,
Al templo de la Fama se dirija,
Donde, si vuestro amparo la defiende,
No inmunidad, veneración pretende.

No presumo, señor, que se suspenda
La integridad del público cuidado,
Sí que avara Parténope no entienda
Que profano incapaz vuestro sagrado;
Deidades hace la votiva ofrenda,
Aún es más que reinar ser invocado;
Y yo ni al ocio el embarazo intento:
Bastaréis para mí menos que atento.

Oídme, pues, acaso; que yo fío,
Que os he de disponer aclamaciones
Donde el exceso de calor y frío
Hacen inhabitables las regiones;
Llevando en alas del aliento mío
Vuestro nombre a las últimas naciones,
Para que le venere cada una
Por mayor que la envidia y la fortuna.

Después que coronado de victorias
De Alfonso Octavo el militar denuedo,
Dio materia feliz a las historias,
Y puesto el orbe en respectivo miedo;
Consagró de las Navas las memorias
En el ínclito templo de Toledo;
Quiso dar a las leyes la voz viva
Que el sordo estruendo de las armas priva.

Fatigaba el católico deseo
(En la pureza de la fe celoso)
Asegurarse del contagio hebreo,
Al comercio de fieles peligroso:
Que en la torpeza de los vicios feo,
Y en la superstición escandaloso,
Sembrando la cizaña su porfía,
Aún estorbaba cuando no nacía.

Ya, viéndose vencidas la razones
Contrarias al Estado en el delito,
(Que no hay verdad segura de opiniones,
Y tiene defensor cada delito)
Se repitió con públicos pregones
Justo destierro del infame rito:
Tembló la Sinagoga al gran decreto,
estremecida del común aprieto.

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