Índice alfabético > C > Juan de la Cueva

Biografía

La vida así como la personalidad histórica y literaria del sevillano Juan de la Cueva de Garoza (Sevilla, 23 de octubre de 1543 - Granada, octubre de 1612), permanecieron ignoradas durante bastante tiempo. Hoy, gracias al interés del erudito Icaza, estamos en condiciones de saber que el escritor llegó a México, a la edad de veinticuatro años, acompañando a un hermano, de nombre Claudio.

Tres años más tarde regresó a Sevilla y allí estrenó su primera comedia, en 1579. La colección más antigua de sus obras dramáticas es de 1583.

No era hombre de gran cultura y debido a ello sus comedias quedaron reducidas a embriones bárbaros y groseros; tampoco fecundizó la idea del progreso en el arte.

En la crítica, como en la poesía, tuvo intenciones, atisbos y vislumbres mucho más que concepciones logradas. Escribiendo aprisa, no acertó a ser del todo ni poeta erudito ni poeta popular, y como no dejó obra perfecta, sufrió la suerte de todos los iniciadores a medias, siendo olvidado y atropellado el día del triunfo por los mismos a quienes había franqueado el camino.

Entre sus mejores tragedias figura La muerte de Virginia, en la que el decenviro Claudio Apio, enamorado de Virginia, que lo desprecia, ordena a su criado Marco Claudio que la aprese en la calle, como si fuera su esclava, y la lleve a su tribunal. Apio la envía a la cárcel y luego sentencia que se entregue a su criado; pero el padre de ella la mata a puñaladas en la misma audiencia. Enterado el senado, condena a muerte a Marco y Apio; éste se suicida en la cárcel y es arrojado al Tíber.

Otra de sus obras, El infamador, fue erróneamente considerada como el antecedente primero de don Juan Tenorio, teoría que hoy se considera inadmisible.


Obras

Teatro

La muerte de Virginia
Tragedia de Ayax Telamón
Libertad de Roma por Mucio Scévola
La constancia de Arcelina
El viejo enamorado
El infamador
El Saco de Roma
La muerte del Rey Don Sancho
La libertad de España por Bernardo de Carpio
Tragedia de los siete Infantes de Lara

Poesía

Flores de Varia poesía
Exemplar poético (1606)
Viage de Sannio
La Muracinda
Llanto de Venus en la muerte de Adonis
Los amores de Marte y Venus
Obras de Juan de la Cueva (1582)
Coro Febeo de Romances historiales (1587)
La conquista de la Bética (1603)


Estilo

Casi todas las poesías líricas de Juan de la Cueva son autobiográficas y de carácter erótico, y sin excepción demuestra su alma sincera e infantil. Entre estas composiciones merecen citarse algunas epístolas y la canción a los cabellos de una dama.

De todos los géneros, sobresalió en el dramático. Se conservan hasta doce tragedias y comedias suyas, unas inspiradas en asuntos clásicos tomados de Ovidio, Virgilio y Tito Livio (Tragedia de Ayax Telamón, Libertad de Roma por Mucio Scévola, Muerte de Virginia) y otras que contienen asuntos tomados de la historia legendaria hispana, a través de las crónicas y los romances (Los siete infantes de Lara, Muerte del rey don Sancho y reto de Zamora, Bernardo del Carpio). Algunas se inspiran en sucesos de historia contemporánea (El saco de Roma) y otras, por fin, no son de asunto histórico (La constancia de Arcelina, El viejo enamorado, El infamador).

En sus obras dramáticas está lejos de la idea moral, hasta el extremo de manifestar simpatías por personajes criminales (El príncipe tirano), de acuerdo, quizá, con el gusto de su auditorio, que en caso contrario no lo hubiera aplaudido.

El teatro de Cueva tiene, sí, un valor histórico. Su mayor mérito estriba en ser el iniciador y en cierto modo el precursor de Lope, por haber adivinado todo el partido que podía sacarse de las hermosas leyendas nacionales transportadas al teatro.

Como preceptista merece citarse por su Exemplar poético (1606), compuesto por tres epístolas en tercetos, algo desaliñadas y redundantes. Aunque imitó, ciertamente, la Epístola de Horacio a los pisones, debemos ubicarlo dentro de la escuela exaltada por Lope de Vega.


Textos

El infamador

LEUCINO

Con próspero viaje
y favorable viento
navega a quien espera la riqueza,
del mar no siente ultrajo,
que a su furor violento
el oro aplacar hace la fiereza.
Huye dél la tristeza,
todo le es favorable
no le contrasta nada.
Tiempla como le agrada
a la fortuna fiera y variable
cual yo que a mi deseo
con mi riqueza lo que quiero veo.
No me pone en cuidado
ninguna cosa humana,
porque a medida del deseo me viene.
De todos só estimado,
y de gloria mundana
por mi riqueza igual ninguna tiene
al que más le conviene.
Por descendencia ilustre,
si le falta el dinero,
casi no es caballero.
Si lo tiene un villano, es de gran lustre,
porque con la riqueza
hoy se adquiere la gloria y la nobleza.

TERCILO

Huélgome de hallarte tan contento,
y más de oírte engrandecer tus bienes,
haciendo alarde dellos dando al viento
cuenta particular de los que tienes.

LEUCINO

Publico lo que siente el sentimiento.

TERCILO

Bien está, mas que en eso te refrenes,
por parecer te doy, porque es torpeza
de ánimo amar tanto la riqueza.

LEUCINO

Como te hizo el cielo incapaz della,
tienes oír su nombre por odioso;
que el pobre no se harta de ofendella,
de Invidia della, y no de virtuoso.
Publica que no quiero poseella,
que huye de su trato peligroso,
dando a entender que es justo desprecialla,
supliendo así el defecto de alcanzalla.

TERCILO

No sé yo quien desprecia la riqueza,
porque me río cuando voy leyendo
de algunos que eligieron la pobreza
sus bienes libremente repartiendo.
Tenerla en tanto tengo yo a torpeza.
Que parece que vas ennobleciendo
tu persona, y que el ser, y la memoria.
Recibes de ella, y no de tu alta gloria.

Búsqueda personalizada