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Biografía

José ZorrillaJosé Zorrilla (Valladolid, 21 de febrero de 1817 – Madrid, 23 de enero de 1893) quería alcanzar las glorias de poeta para tener los favores de la hermosa Catalina Benito Reoyo y el beneplácito de su padre, absolutista y reaccionario. En busca de ella huyó a Madrid sin más bagaje que sus diecinueve años, su esperanza y su pasión amorosa.

Las letras lo habían cautivado este tiempo atrás, y por ellas había dejado sus estudios de Leyes en la Universidad de Toledo. Autores como Walter Scott, James Fenimore Cooper, Chateaubriand, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, el Duque de Rivas o Espronceda decidieron su futuro.

Se hizo pasar por un artista italiano, publicó algunas poesías y pronunció discursos revolucionarios, de forma que terminó por ser perseguido por la policía y tuvo que refugiarse en casa de un gitano.

Entró en los salones literarios de Madrid gracias a unos versos que leyó en la tarde del sepelio de Mariano José de Larra (Fígaro), en el cementerio madrileño donde le escucharon los maestros ¡Contradicción inexplicable!… Años más tarde, aludiendo al episodio, Zorrilla se lamentaría en amargos versos:

"Broté como una planta maldecida
al borde del sepulcro de un malvado…"

Sí un castigo mereció por tamaña hipocresía, éste le vino dos años más tarde, en que casó con Florentina Matilde O'Reilly, viuda irlandesa arruinada, diez años mayor que él y con un hijo. Sus padres lo repudiaron, se alejó de sus amigos, cedió a los celos enfermizos de su consorte y dejó de escribir para el teatro, hasta que, finalmente, se vio forzado a huir. Se fue a Francia (1850), donde mantuvo amistad con Alejandro Dumas, Alfred de Musset, Víctor Hugo, Théophile Gautier y George Sand; y a México (1855), donde, después de muchas vicisitudes, fue protegido por el emperador Maximiliano, que lo nombró director del Teatro Nacional.

La naturaleza exuberante y magnífica del nuevo paisaje infundió savia de opulencia a su vena lírica; frecuentó la hacienda de José Adalid y el palacio del conde de la Cortina; visitó Cuba, malgastó sus dineros y decidió la vuelta a España, al cabo de más de un decenio. Sus compatriotas lo recibieron como al hijo pródigo, lo colmaron de atenciones y lo animaron a tentar otra vez suerte en el matrimonio, esta vez con doña Juana Pacheco (1869).

Las cosas, empero, no marchaban del todo bien para Zorrilla, cuyos bienes de fortuna eran cada día más menguados. Algunos de sus editores quebraron; había vendido sus obras más productivas (Don Juan Tenorio, entre ellas) y había malbaratado la herencia paterna, de por sí mermada. En 1884 estaba en la miseria y las Cortes tuvieron que votar una pensión para aliviar su indigencia, mientras sus editores se enriquecían con sus obras.

España no podía dejar de honrarlo, porque era su hijo insigne. La Academia Española le ofreció un sitial y, en 1889, en el palacio de Carlos V en Granada, el vallisoletano fue premiado con una corona labrada con oro del río Darro, que cruza la vega granadina.

Murió en Madrid en 1893 como consecuencia de una operación efectuada para extraerle un tumor cerebral.


Obras

Donde verdaderamente destaca, es en las composiciones de carácter legendario (La sorpresa de Zahara, Boabdil el Chico, A buen juez mejor testigo) ya que, antes de recurrir a los archivos y bibliotecas, descendió hasta el seno mismo del pueblo, habló con quienes podían darle referencias directas, con los testigos de episodios éticos. De estas confidencias extrajo un material pintoresco, que realzó con su dramatismo, y embelleció con ardor.

Sus leyendas nacionales aparecieron ya sueltas, ya recopiladas y a veces mezcladas con obras líricas en los libros: Cantos del trovador, Vigilias de estío, Recuerdos y fantasías, La flor de los recuerdos, Ecos de las montañas.

El Capitán Montoya (sobre el arrepentimiento de un delincuente); La princesa doña Luz (acerca de la madre de Pelayo); Para verdades el tiempo y para justicia Dios (castigo providencial de un asesino); Margarita la Tornera (en torno a un milagro de la Virgen María); La pasionaria (una mujer que se convierte en flor), son sus más famosas leyendas.

A los veintisiete años compuso Don Juan Tenorio, cuya propiedad había enajenado y cuyas fuentes son: El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina; El convidado de piedra, de Zamora; Las ánimas del purgatorio, de Merimée; La cena en casa del comendador, de Blaze de Bury, y algunas otras.

Según José María Iribarren: "La pieza literaria que más frases afortunadas ha producido es, sin duda, el drama de Zorrilla Don Juan Tenorio".


Estilo

Las voces de la naturaleza no tuvieron secretos para él, cuya voz rica en pompas y en magnificencias tenía acentos de trova y sonoros timbres populares. Los murmullos más secretos de la España tradicional y cristiana, heredados del espíritu del romancero y del teatro del siglo XVII, brotaron de sus instrumentos poéticos y formaron la lírica zorrillesca.

Zorrilla se nutrió en las imágenes y los estímulos del mundo que lo circundaba, obtuvo un magnífico derroche de arpegios y colores, fue descriptivo antes que imaginativo, superficial antes que íntimo, frágil como poeta, dueño de un tono optimista, improvisador sin paciencia para pulir sus versos, y muy español por la fecundidad creadora.

A pesar de sus defectos, de su verbosidad, de la hojarasca que abunda entre sus versos, de las vaguedades, prolijidades y vulgarismos que le reprochó Valera, es ante todo el más característico de los poetas románticos; romántico fue en la lírica, en el teatro y en la poesía narrativa; amó los tiempos medievales; practicó el sentimiento monárquico; se aficionó a las leyendas españolas; otorgó prestigio a los tipos históricos o fantásticos, representativos del espíritu español, como el Cid, Don Pedro o Don Juan; dio color a las ruinas, a los claustros, a los palacios, templos y castillos y los rodeó de ambiente caballeresco; contempló desde su interior la vida de las ciudades históricas, tales como Valladolid o Burgos, Toledo o Granada. Todo esto lo hizo con sentimentalismo y con melancolía, otorgando especial atracción a lo exótico y usando castizo lenguaje, de asombrosa flexibilidad y de tan grandes efectos musicales, que enriqueció y renovó la moderna métrica castellana, por la robustez, melodía y gallardía del verso.

Como dramático (a pesar de que él mismo dudaba de sus condiciones), descolló en El zapatero y el rey y en Traidor, inconfeso y mártir, de vida perdurable. En el entierro de Larra se dio a conocer leyendo unos versos de despedida. Desde entonces escribió en los principales periódicos, frecuentó las tertulias literarias, publicó varios tomos de poesías.


Textos

Citas del Tenorio

Por donde quiera que fui,
la razón atropellé
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

...

DON LUIS
¡Por Dios que sois hombre extraño!
¿Cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?

DON JUAN
Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.

...

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena:
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que estás respirando amor?

...

Clamé al cielo, y no me oyó.
Mas, si sus puertas me cierra,
de mis pasos en la Tierra
responda el cielo, no yo.

A la memoria desagraciada del joven literato D. Mariano José de Larra

Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana;
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.

Miró en el tiempo el porvenir vacío,
vacío ya de ensueños y de gloria,
y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!

Era una flor que marchitó el estío,
era una fuente que agotó el verano:
ya no se siente su murmullo vano,
ya está quemado el tallo de la flor.

Todavía su aroma se percibe,
y ese verde color de la llanura,
ese manto de yerba y de frescura
hijos son del arroyo creador.

Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.

Duerme en paz en la tumba solitaria
donde no llegue a tu cegado oído
más que la triste y funeral plegaria
que otro poeta cantará por ti.

Ésta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
¡memoria del poeta que perdí!

Si existe un remoto cielo
de los poetas mansión,
y sólo le queda al suelo
ese retrato de hielo,
fetidez y corrupción;
¡digno presente por cierto
se deja a la amarga vida!
¡Abandonar un desierto
y darle a la despedida
la fea prenda de un muerto!

"Poeta, si en el no ser
hay un recuerdo de ayer,
una vida como aquí
detrás de ese firmamento...
conságrame un pensamiento
como el que tengo de ti."

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