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Biografía

Inca GarcilasoUna india de estirpe real llamada Isabel Chimpu Ocllo entregó su frágil corazón de princesa a un gallardo capitán español. Ella descendía de Huayna Capac y del altivo Tupac Yupanqui; su sangre tenía los albores ancestrales del dios sol. De aquella unión nació Gómez Suárez de Figueroa, apodado Inca Garcilaso de la Vega (Cuzco, Gobernación de Nueva Castilla, 12 de abril de 1539 - Córdoba, España, 23 de abril de 1616).

En los brazos de la ñusta sintió el calor del mensaje americano; de los cantos de aquella melancólica princesa, aprendió las historias de una sociedad próxima a desaparecer. Muy pronto, sin embargo, la hija del sol vio alejarse al idealizado señor de su vida, cuando éste se unió en casamiento con una dama castellana.

Fuerte resultó el golpe para el Inca. Anonadado por la actitud de su padre, sobrellevó su destino con entereza hasta que, diez años después, muerto el tornadizo capitán, decidió ir a España en procura de mercedes reales.

Nada logró. Hacia 1564 sentó plaza del ejército, sirvió por largos años en varias campañas y escapó de ellas "tan desvalijado y endeudado", que no le fue posible volver a la corte.

Tenía por entonces cincuenta años. Desilusionado, empobrecido, buscó en el estudio la panacea, perfeccionó su latín, leyó a los historiadores y filósofos clásicos y, arraigada su fe, se hizo clérigo.

Los últimos años de su vida los dedicó a escribir. Además de una magnífica traducción de Los diálogos de amor, de León Hebreo, escribió tres obras históricas: la Florida del inca o Historia del adelantado Hernando de Soto; los Comentarios reales que tratan del origen de los incas (1609) y la Historia General del Perú.

La literatura hispanoamericana colonial tiene en el Inca Garcilaso a un clásico indiscutido, simpático y sensible.

Nadie hubiese podido referir con tal lujo de detalles, con tanta humana intimidad y rica información, hechos y costumbres de los indios y mestizos del Perú. Lo que otros historiadores y cronistas conocían o entendían mal, no podía tener secretos para él, que había oído de este niño la relaciones dichas por sus mayores y que había aprendido de su madre -una India, prima de Atahualpa, último emperador inca- la idiosincrasia de una sociedad a punto de extinguirse.

Murió horas antes que Cervantes, en la muy ilustre ciudad de Córdoba, cuya catedral conserva sus restos en una tumba sobre la cual pende una lámpara encendida de día y de noche, de acuerdo con su postrera voluntad. A ambos lados del altar, dos lápidas negras dicen: "varón insigne, perito en letras, valiente en armas".

Nadie le aventaja como arquetipo de nuestros pueblos, a pesar de que fue incomprendido, acusado de plagio y disminuido en su capacidad historiador.


Obras

Comentarios reales que tratan del origen de los incas

Florida del inca o Historia del adelantado Hernando de Soto

Historia General del Perú


Estilo

Los Comentarios Reales, su obra más interesante, es una extraña combinación de elementos fantásticos e históricos, en la que se intercalan leyendas y tradiciones expuestas por una fecunda imaginación americana.

Su cultura era principalmente española y tal circunstancia le ofreció la necesaria perspectiva histórica, así como los elementos sustanciales y formales con los que siempre trato de alcanzar la verdad, para merecer la confianza de sus lectores.

Excelente prosista, enamorado de lo extraordinario y que lo pintoresco, de las anécdotas, de los variados episodios de la conquista española, tan rica en epopeyas, Garcilaso bien pudo acercarse al gemido del aborigen, a la carcajada brutal del aventurero cual signo fraterno de los misioneros, sin temor de resultar artificioso.

Por el contrario, el recuerdo de las guerras civiles que ensangrentaron al Perú o del impetuoso español que gobernaba a sus anchas el imperio de los incas, inspiraron las más vigorosas páginas de nuestro cronista, entre las cuales figura aquella referente al naufragio de Pedro Serrano, hecho rigurosamente histórico, consignado en documentos que se guardan en el Archivo de Indias, y que reprodujo el Estado General de la Real Armada, en el año 1832.

En 1528, dicho marino naufragó en la travesía de Cartagena de indias a la Habana y logró salvarse en una tabla, llegando una isla desierta (que se llamó Serrana, por su nombre), en la cual no había agua, ni hierba, ni leña; se alimentó con mariscos y tortugas, bebió la sangre de éstas y el agua de lluvia, conservada en caparazones; logró encontrar guijarros en la orilla, hizo de ellos pedernal, eslabón de su cuchillo, yesca de trozos de camisa, y de esta manera obtuvo fuego. Al cabo de tres años vio en su isla a un nuevo náufrago y juntos vivieron otros cuatro años, hasta que fueron recogidos por un barco. Tal, la hazaña del primero y verdadero Robinson, español, cuyas vicisitudes recogió el Inca en sus amenos Comentarios.

La descripción del templo del sol, con sus grandes riquezas, sus claustros y aposentos, sus fuentes, jardines y sitios para el sacrificio; la semblanza magistral de las vírgenes escogidas, la enumeración de sus estatutos y de las penalidades reservadas para aquellos que los violasen; la colorida narración de las ceremonias fúnebres de las cacerías, de las fiestas principales, de los sacrificios; las fábulas y tradiciones relativas al origen de los incas, así como la minuciosa explicación de las costumbres, de los agüeros, de los ritos reservados a los caballeros, hacen de los Comentarios Reales un libro de cabecera para los investigadores y un documento lleno de fe, de exótica grandeza, de sincera elocuencia.


Textos

Comentarios reales: la descripción del Perú

Los cuatro términos que el imperio de los Incas tenía cuando los españoles entraron en él son los siguientes: al Norte llegaba hasta el río Ancasmayu, que corre entre los confines de Quitu y Pastu, quiere decir en la lengua general del Perú, río azul; está debajo de la línea equinoccial, casi perpendicularmente. Al mediodía tenía por el término al río llamado Maulli, que corre Leste hueste, pasando el reino de Chili, antes de llegar a los Araucos, el cual está más de cuarenta grados de la equinoccial al Sur. Entre estos dos ríos ponen pocas menos de mil trescientas cincuenta leguas de largo por tierra, desde el río Ancasmayu hasta los Chichas, que es la última provincia de los Charcas, Norte y Sur; y lo que llaman reino de Chile contiene cerca de quinientas cincuenta leguas, también Norte Sur, contando desde lo último de la provincia de los Chichas hasta el río Maulli.

Al Levante tiene por término aquella nunca jamás pisada de hombres, ni de nieves, que corre desde Santa Marta hasta el estrecho de Magallanes, que los indios llaman Ritisuyu, que es banda de nieve. Al Poniente confina con la mar del Sur, que corre por toda su costa de largo a largo. Empieza el término del imperio por la costa, desde el cabo de Pasau, por do pasa la línea equinoccial, hasta el dicho río Maulli, que también entra en el mar del Sur. Del Levante al Poniente es angosto todo aquel reino. Por lo más ancho, que es atravesando desde la provincia Muyupampa, por los Chachapuyas, hasta la ciudad de Trujillo, que está a la costa de la mar, tiene ciento y veinte leguas de ancho, y por lo más angosto, que es desde el puerto de Arica a la provincia llamada Llaricosa, tiene setenta leguas de ancho. Éstos son los cuatro términos de lo que señorearon los reyes Incas, cuya historia pretendemos escribir, mediante el favor divino.

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