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Biografía

Gregorio Gutiérrez GonzálezEn un risueño pueblito de Antioquia (Colombia) nació Gregorio Gutiérrez González, el 9 de mayo de 1826. Sus Padres, don José Ignacio Gutiérrez y Doña Inés González, lo enviaron muy pronto lejos de aquel villorrio que, fuera de su nombre (Ceja del Tambo), carecía de originalidad.

Al cuidado de su primo don Juan de Dios Aranzazu, estuvo internado en el seminario de Antioquía y luego en el de Bogotá, donde completó sus estudios de filosofía y de literatura. Obtuvo el título de Doctor en Leyes en el colegio de San Bartolomé, de la Universidad Nacional.

En 1848, cuando ya la juventud de su patria lo conocía por el nombre de Antioco, regresó a Antioquía a fin de defender los intereses de su familia en un litigio. En esa época perteneció como ministro al tribunal de la provincia de Córdoba y como magistrado al de Antioquía; fue diputado de la Asamblea del Estado y senador en el Congreso.

Vencido por las fiebres, por los insectos, por el fracaso financiero, volvió a la ciudad y desempeño con ejemplar rectitud una plaza de magistrado en el tribunal superior de Antioquia. Murió en Medellín en 1872.


Obras

Su obra más celebrada es Memoria del Cultivo del Maíz en Antioquia (1866).

Otras obras: Aures, ¿Por qué no canto?, A Julia y A los Estados Unidos de Colombia.


Estilo

Su obra poética abarca dos maneras igualmente deliciosas: una, la del puro amor y la innegable ternura, la de los versos a Julia; otra, mucho más original en el extraño poema Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquía y qué es lo rigurosamente americano. Las composiciones de la primera forma expresan, con singular cadencia, sentimientos plenos de suavidad (A Julia, Augures, Una lágrima, ¿Por qué no canto?), repetidos hasta el cansancio por todo el pueblo de Colombia, que aprendía sus versos no bien se daban a la prensa.

Como poeta descriptivo también encaró dos formas bien diferentes: por momentos concedió preeminencia a lo imaginativo, a lo ideal (Al Tenquedama), o bien se mostró realista en exceso, "fotografíando" prácticamente sus asuntos y personajes (Una visita, Romance del tresillo). También fue poeta didáctico-bucólico, no a la manera de Virgilio en sus Geórgicas, sino a la de ciertos novelistas modernos, como Pereda. Su intención tuvo rectitud: quiso inspirar el amor a la naturaleza por medio de la ponderación de las tareas rurales, que asocian la fatiga del labrador a las emociones del placer y el trabajo del espíritu. En su poema Memoria del cultivo del maíz en Antioquia (acompañado por un centenar de notas) lo describe todo, con minucia, con singular habilidad para revestir, lo que en apariencia resulta árido, de un vaporoso velo lírico. Aparecen, en él, cuadros tan bellos como el de la quema, la galera, la siembra, la cocina de la roza, la escarda, la recolección de los frutos; pocas palabras, colocadas con talento sin par, le sirven para trazar retratos tan llenos de color y de vida como el de la cocinera de los peones. Escribió sus versos para su pueblo, para que todos los colombianos lo recitasen; fue su obra de madurez, su mensaje de concordia y de amor hacia sus compatriotas.

Menéndez y Pelayo dijo sobre él: "Sentimiento profundo de trabajo humano que todo lo ennoblece... Poesía sabia, primitiva, saludable y agreste, llena de ternura y de impresión directa de lo exterior, percibida y mejorada por su alma íntegra y buena", y agrega: "Es uno de los poetas más americanos que han existido".


Textos

Memoria del Cultivo del Maíz en Antioquia

Semejante a una joven de quince años,
De esbeltas formas y de frente erguida,
Rodeada de alegres compañeras
Rebosando de salud y ansiando dicha.

Forma el viento al mover sus largas hojas,
El rumor de la dulzura indefinida
De los trajes de seda que se rozan
En el baile de bodas de una niña.

Se despliegan al sol y se levantan
Ya doradas, temblando, las espigas,
Que sobresalen cual penachos jaldes
De un escuadrón en las revueltas filas.

Brota el blondo cabello del filote,
Que muellemente al despuntar se inclina;
El manso viento con sus hebras juega
Y cariñoso el sol las tuesta y riza.

La mata el seno suavemente abulta
Donde la tusa aprisionada cría,
Y allí los granos como blancas perlas,
Cuajan envueltos en sus hojas finas.

Los chócolos se ven a cada lado,
Como rubios gemelos que reclinan,
En los costados de su joven madre,
Sus doradas y tiernas cabecitas.

¡Salve, segunda trinidad bendita¡
¡Salve, frisoles, mazamorra, arepa¡
Con nombraros no más se siente hambre.
¡No muera yo sin que otra vez os vea!

(Fragmento)
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