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Biografía

Estanislao del CampoAnastasio el Pollo -rústico y jocoso seudónimo que cuadraba muy bien al cantor nato- dio nombradía de poeta al argentino Estanislao del Campo (Buenos Aires, 7 de febrero de 1834 - 6 de noviembre de 1880), hombre público de Buenos Aires, que fue secretario y diputado del Congreso Nacional, y secretario del gobernador de la provincia, en cuya capital nació y vivió.

Del Campo, como hombre público, merece el respeto y la gratitud; como periodista nos interesa relativamente por su vena combativa, puesta en letras de molde por los diarios bonaerenses El Nacional y Los Debates, pertenecientes al partido unitario, en el que militaba Ascasubi; como poeta serio, no deja de ser estudiado a través de sus Poesías, en un tomo. Todo esto, sin embargo, parece hoy desdibujado por el tiempo.

En cambio, los cantares gauchescos de Anastasio el Pollo permanecen intactos en la imaginación del pueblo, merced a que representan una fase del carácter del caucho y expresan un humorismo al propio tiempo alegre y tierno, suspicaz e ingenuo, burlón e imaginativo.

Anastasio el Pollo es el gaucho de la literatura, así como Santos Vega lo es de la leyenda, y Martín Fierro de la historia.

Del Campo creó un personaje muy humano, muy centrado, que lejos de caer en bufonadas, en melodrama o en sainete, sostuvo invariablemente su faz honesta, sencilla, verdaderamente poética.

Su cuna fue hidalga. Buscó las emociones de la vida militar, empuñó con idéntica nobleza la espada y la pluma; conoció e interpretó con amor el paisaje argentino y se dio a él sin limitaciones para extraer de sus imágenes el mensaje, a la vez tierno y alegre, que nace del espíritu campesino.


Obras

De las poesías gauchescas de Estanislao Del Campo sin duda la de mayor éxito es el poema Fausto (impresiones del gaucho Anastasio el Pollo).

Anastasio el Pollo es el payador que ha llegado a la ciudad de Buenos Aires a cobrar un dinero. Como sus deudores lo demoran, deambula por la urbe, y una noche se dirige al teatro Colón, compra su entrada y ocupa un sitio en la galería más alta, allí "dónde va la paisanada". Se representaba la ópera Fausto, de Gounod. El rústico presencia azorado el desarrollo del drama musical, sin saber si se trata de una ilusión o de una realidad. A los pocos días se encuentra a las orillas de un río con otro paisano amigo, don Laguna, a quien cuenta el punzante drama, según lo siente y lo interpreta. Describe la pasión de Fausto, su pacto con el diablo, la belleza de Margarita, sus desdichas, su muerte. Ambos paisanos se posesionan del argumento, hasta derramar lágrimas. Al final, don Laguna invita a comer a Anastasio el Pollo.

Toda la composición está matizada con ocurrencias felices y con bromas oportunas, ya que los interlocutores, a pesar de su rusticidad, poseen un espíritu agudo y humorista. ¿Creía o fingía creer Anastasio el Pollo en la autenticidad del drama? La letra nos indica que el payador está completamente engañado, pero el espíritu del poema lo desmiente. Anastasio el Pollo no es un simple, ni un mistificador. Es –acota Bunge– un poeta con el alma de un niño pero de un niño malicioso... Tiene algo del buen sentido de Sancho, mucho de la ensoñadora fantasía de don Quijote, más aún de la inocencia de Segismundo. Si la vida es como un sueño, ¿no ha de ser el sueño tan real como la vida?...

Otras obras: Poesías: Adiós, Cantares, Epílogo, Tu y yo, Última lágrima

Epístolas: Anastacio a Aniceto


Estilo

La corriente popular que arrastró los temas gauchescos, los nutrió con su vena lírica y les infundió el soplo de lo legendario, tuvo comienzo en simples hojas sueltas o en las columnas de los periódicos; autores anónimos –tal como sucediera con los antiguos romances españoles– se interesaron en la figura del caucho, en sus problemas, sus amores, su rudimentario sistema de vida y su lenguaje lleno de formas arcaicas al estilo del siglo XVI.

El uruguayo Bartolomé Hidalgo fijó literariamente este género y lo incorporó a la literatura rioplatense; detrás de él, Ascasubi, Del Campo y Hernández completaron una creación poética con definida tendencia por lo castizo y lo tradicional.

La literatura argentina tuvo su poesía popular originaria antes de que la nación hubiese adquirido madurez política. El criollo, el gaucho, inconscientemente, fue un profeta animado por un genio eminentemente contemplativo; cantó a la libertad, al coraje, al valor personal, valiéndose de versos por lo general asonantados, con metros llenos de imperfecciones.

Tal circunstancia forzó a los hombres cultos de las ciudades a imitar esas piezas líricas, cuyos naturales defectos tornaban difícil y fastidiosa su lectura, puesto que provenían de la improvisación, y se destinaban casi exclusivamente a la transmisión verbal.

El lenguaje de la poesía gauchesca –anotaba Carlos Octavio Bunge– más que un verdadero dialecto es una corrupción de la lengua castellana. Los llamados "gauchismos" o barbarismos gauchescos son generalmente meras alteraciones fonéticas. Pero puede decirse que, en ciertas formas, el lenguaje gauchesco se presenta como más castizo que la moderna lengua castellana... "


Textos

Fausto

En un overo rosao,
Flete nuevo y parejito,
Caía al bajo, al trotecito,
Y lindamente sentao,
Un paisano del Bragao,
De apelativo Laguna:
Mozo jinetazo ¡ahijuna!,
Como creo que no hay otro,
Capaz de llevar un potro
A sofrenarlo en la luna.

¡Ah criollo! si parecía
Pegao en el animal,
Que aunque era medio bagual,
A la rienda obedecía
De suerte, que se creería
Ser no sólo arrocinao,
Sino tamién del recao
De alguna moza pueblera.
¡Ah Cristo! ¡quién lo tuviera!...
¡Lindo el overo rosao!

Como que era escarciador,
Vivaracho y coscojero,
Le iba sonando al overo
La plata que era un primor;
Pues eran plata el fiador,
Pretal, espuelas, virolas
Y en las cabezadas solas
Traiba el hombre un Potosí:
¡Qué!... Si traía, para mí,
Hasta de plata las bolas.

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