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Biografía

Edgar Allan Poe

El 17 de octubre de 1849, un borracho delirante agonizaba en las calles de Baltimore. Lo llevaron con urgencia al hospital, pero nada pudieron hacer por él y expiró entre gemidos.

Su muerte fue casi un suicidio. Un suicidio preparado desde hacía mucho tiempo.

Edgar Allan Poe (Boston, 19 de enero de 1809 – Baltimore, 7 de octubre de 1849) era, por el placer de serlo, un caso perdido. Muy pocos hubiesen reconocido en aquel rostro consumido por los excesos al joven de grandes ojos, a la vez sombríos y llenos de luz, de nariz noble y sólida, de tez morena clara, que otrora luciera con prestancia el uniforme de los cadetes de West Point.

Su ruina se la buscó él mismo, a sabiendas, tratando de destruirse dentro de una sociedad que condenaba.

Desde niño fue arrojado a los azares de la vida libre; la miseria, los rencores literarios, cierta ingenua voluptuosidad, hicieron lo demás. Y aquel hombre de modales exquisitos, aquel ser pequeño cuyos pasos, gestos y movimientos de cabeza lo destacaban como una criatura elegida, terminó por transformarse en guiñapo delirante.

Hijo de una pareja de actores, quedó huérfano a los dos años, y fue recogido por un comerciante de Richmond.

John Allan -así se llamaba su tutor- lo llevó a Inglaterra, donde estudió, entre 1815 y 1820.

De vuelta en América, sirvió en el ejército de su país, ingresó en la academia militar y fue expulsado. Entonces tuvo que vérselas con su padre adoptivo, quien lo reprendió con tal energía que hubo de marcharse.

Se ganó el pan de la mejor manera posible, escribiendo artículos en Baltimore, Richmond, Nueva York y Filadelfia, escaló posiciones. Entonces lo atacaron sin escrúpulos, tratando de aniquilarlo. Se defendió bien, porque su talento estaba por encima de sus detractores, pero a sabiendas buscó los límites extremos de la desgracia.

Su mujer, Virginia Glemm (una chica de quince años), murió en 1847. A partir de ese día se autodestruyó. Fue en los Estados Unidos lo que Hoffman en Alemania; la similitud entre ambos evidencia la influencia del cuentista alemán. Poe, por la fecundidad de los temas, supera esa producción similar.


Obras

Cuentos
Metzengerstein, 1832.
Manuscrito hallado en una botella (MS. Found in a Bottle), 1833.
El Rey Peste (King Pest), 1835.
Berenice, 1835.
Ligeia, 1838.
La caída de la Casa Usher (The Fall of the House of Usher), 1839.
El hombre de la multitud (The Man of the Crowd), 1840.
Un descenso al Maelström (A Descent into the Maelström), 1841.
Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue), 1841.
La máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death), 1842.
El pozo y el péndulo (The Pit and the Pendulum), 1842.
El retrato oval (The Oval Portrait), 1842.
El escarabajo de oro (The Gold Bug), 1843.
El misterio de Marie Rogêt (The Mystery of Marie Roget), 1843.
El gato negro (The Black Cat), 1843.
El corazón delator (The Tell-Tale Heart), 1843.
La caja oblonga (The Oblong Box), 1844.
La carta robada (The Purloined Letter), 1844.
El entierro prematuro (The Premature Burial), 1844.
El demonio de la perversidad (The Imp of the Perverse), 1845.
La verdad sobre el caso del señor Valdemar (The Facts in the Case of M. Valdemar), 1845.
El sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether (The system of Dr. Tarr and Prof. Fether) 1845
El barril de amontillado (The Cask of Amontillado), 1846.
Hop-Frog, 1849

Poesía
Tamerlane (Tamerlane) (1827)
A... (A...) (1827)
Sueños (Dreams) (1827)
Espíritus de los muertos (Spirit of the Dead) (1827)
Estrella del anochecer (Evening Star) (1827)
Un sueño (A Dream) (1827)
El día más feliz, la hora más Feliz (The Happiest Day, The Happiest Hour) (1827)
El lago: A ... (The Lake: To ...) (1827)
Al Aaraaf (Al Aaraaf) (1829)
Soneto a la Ciencia (Sonnet To Science) (1829)
Solo (Alone) (1829)
A Elena (To Helen) (1831)
La ciudad en el mar (The City in the Sea) (1831)
La durmiente (The Sleeper) (1831)
El valle de la inquietud (The Valley of Unrest) (1831)
Israfel (Israfel) (1831)
El Coliseo (The Coliseum) (1833)
A alguien en el paraíso (To Someone in Paradise) (1834)
Himno (Hymn) (1835)
Soneto a Zante (Sonnet to Zante) (1837)
Balada nupcial a ... (Bridal Ballad to ...) (1837)
El palacio encantado (The Haunted Palace) (1839)
Soneto del silencio (Sonnet-Silence) (1840)
Lenore (Lenore) (1843)
Tierra de sueños (Dream Land) (1844)
El cuervo (The Raven) (1845)
Eulalie, una canción (Eulalie, A Song) (1845)
Ulalume (1847)
Un sueño en un sueño (A Dream Within a Dream) (1849)
Annabel Lee (1849)
Las campanas (The Bells) (1849)
A mi madre (To My Mother) (1849)

Novela
La narración de Arthur Gordon Pym (1838)

Ensayo y crítica
Filosofía de la composición (The Philosophy of Composition) (1846)
El principio poético (The Poetic Principle) (1848)
Eureka (1848)
Charles Dickens
Longfellow
Hawthorne
Criptografía
Arabia pétrea
Marginalia (1844-49)

(Wikipedia)


Estilo

En el siglo XVII los prosaicos versos de Ann Bradstreet y las coplas salvajes de Michael Wigglesworth inician la literatura angloamericana, que se consolida en el siglo XIX con Washington Irving.

Durante más de un siglo, después de que la imprenta empezó a utilizarse en Nueva Inglaterra (1649), las tres cuartas partes de los libros fueron teológicos hasta que la superabundancia de la literatura sermonaria disminuyó con el avance de la política patriótica, empeñada en fundar una nación antes que nuevos rumbos estéticos.

Los norteamericanos dejaron de ser negligentes consumidores de modelos extranjeros nacidos en los tiempos sombríos de la dinastía hanoveriana, para crearse una independencia del pensamiento.

Iniciado el periodo de madurez aparece Edgar Allan Poe y alcanza tal maestría en el arte rítmico, que algunos de sus críticos lo consideran como el más armonioso de los poetas del norte atendiendo a su extraña y compleja personalidad, a su mente lúcida, fascinante y creadora capaz de abordar con idéntica maestría el género policial, los cuentos, poemas y ensayos.

Todo su mundo está lleno de resonancias espeluznantes, de figuras macabras, de permanentes diálogos con lo sobrenatural.

Sobre el destino de sus personajes se abren las alas de la muerte, presente, inevitable, aterradora en sus anuncios.

En el sombrío mirador del miedo, los lectores de Poe oyen horripilantes quejidos, ven escenas extrañas, muecas espantosas.

Toda su obra tiene el sello de una melancolía indefinible cuyos misterios de fabricación juegan con infantil voluptuosidad en el mundo de las probabilidades y de las conjeturas, creando fantasías a las cuales el arte sutil otorga vida verosímil; su poesía profunda y quejumbrosa, su admirable y extravagante estilo, su solemnidad, su audacia, el vértigo de cada una de sus deducciones, se unen a la alucinación y al absurdo gobernado por la lógica.

Sus hombres tienen facultades sobreagudas; sus mujeres mueren de males extravagantes, entre risas musicales y, en conjunto, son la expresión del drama del autor, de su locura, de sus inclinaciones.

Como él, se destruyen en la vorágine de movimientos repentinos y grotescos y lanzan un desafío macabro, en el instante del delirio...

En la Wikipedia se dice que "La crítica suele coincidir al determinar las fuentes literarias de las cuales bebió este autor. En sus primeros cuentos sigue a Boccaccio y Chaucer. También se inspiró en toda la novela gótica inglesa: Horace Walpole, Ann Radcliffe, Matthew G. Lewis y Charles Maturin, entre otros. Conoció bien a los góticos alemanes (E.T.A. Hoffmann, el barón Friedrich de la Motte Fouqué, etc.). De su país, tuvo muy en cuenta a los pioneros Charles Brockden Brown y Washington Irving. Otros autores ingleses que admiró mucho: Daniel Defoe, Walter Scott, William Godwin y Edward Bulwer-Lytton. En poesía, se dejó cautivar desde muy joven por Lord Byron. Dentro de este género apreció bastante la poesía nocturna francesa y germánica, así como a todos los románticos ingleses: Shelley, Keats, Wordsworth (al que, sin embargo, criticó su didactismo) y Coleridge. También valoró grandemente a Tennyson."

"Poe asimismo conocía bien el trabajo de los más importantes científicos: Laplace, Newton, Kepler, etc. Pero el autor que probablemente aparece más veces citado en sus obras es el filósofo inglés Joseph Glanvill."


Textos

La caída de la casa Usher

Durante un día entero de otoño, oscuro, sombrío, silencioso, en que las nubes se cernían pesadas y opresoras en los cielos, había yo cruzado solo, a caballo, a través de una extensión singularmente monótona de campiña, y al final me encontré, cuando las sombras de la noche se extendían, a la vista de la melancólica Casa de Usher. No sé cómo sucedió; pero, a la primera ojeada sobre el edificio, una sensación de insufrible tristeza penetró en mi espíritu.

Digo insufrible, pues aquel sentimiento no estaba mitigado por esa emoción semiagradable, por ser poético, con que acoge en general el ánimo hasta la severidad de las naturales imágenes de la desolación o del terror.

Contemplaba yo la escena ante mí—la simple casa, el simple paisaje característico de la posesión, los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos, algunos juncos alineados y unos cuantos troncos blancos y enfermizos—con una completa depresión de alma que no puede compararse apropiadamente, entre las sensaciones terrestres, más que con ese ensueño posterior del opiómano, con esa amarga vuelta a la vida diaria, a la atroz caída del velo.

Era una sensación glacial, un abatimiento, una náusea en el corazón, una irremediable tristeza de pensamiento que ningún estímulo de la imaginación podía impulsar a lo sublime. ¿Qué era aquello—me detuve a pensarlo—, qué era aquello que me desalentaba así al contemplar la Casa de Usher? Era un misterio de todo punto insoluble; no podía luchar contra las sombrías visiones que se amontonaban sobre mí mientras reflexionaba en ello. Me vi forzado a recurrir a la conclusión insatisfactoria de que existen, sin lugar a dudas, combinaciones de objetos naturales muy simples que tienen el poder de afectarnos de este modo, aunque el análisis de ese poder se base sobre consideraciones en que perderíamos pie.

Era posible, pensé, que una simple diferencia en la disposición de los detalles de la decoración, de los pormenores del cuadro, sea suficiente para modificar, para aniquilar quizá, esa capacidad de impresión dolorosa. Obrando conforme a esa idea, guié mi caballo hacia la orilla escarpada de un negro y lúgubre estanque que se extendía con tranquilo brillo ante la casa, y miré con fijeza hacia abajo—pero con un estremecimiento más aterrador aún que antes—las imágenes recompuestas e invertidas de los juncos grisáceos de los lívidos troncos y de las ventanas parecidas a ojos vacíos.

El cuervo

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

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