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Biografía

Saint-John Perse Saint-John Perse es el pseudónimo más conocido de Alexis Léger (31 de mayo de 1887, Isla de Guadalupe - Giens, 20 de septiembre de 1975).

En la isla de Saint Léger, cerca de Guadalupe, un niño crecía de cara al mar, trasportado cada mañana a las mil aventuras que acunan las olas, con sus hondas y seculares cadencias. Quizá en la playa, frente a las caracolas que aprisionan voces misteriosas, aprendiera a interpretar el lenguaje alucinante del océano y la plañidera cadencia de las sirenas.

Alexis Saint Léger volvía cada día al caserón de sus padres con una experiencia nueva. En la biblioteca paterna, aislado entonces de los estímulos ancestrales, leía, juzgaba y analizaba. En torno del niño se extendían las vastas propiedades de sus antepasados, dueños y señores de la comarca; el clima que lo rodeaba era un clima casi feudal, con las concepciones, los prejuicios, las virtudes y los defectos inherentes a un estado de cosas muy anticuado y en desaparición. Los Léger eran amos, pensaban y actuaban como tales y no permitían desviaciones a la rigidez de sus principios.

Una niñera hindú introdujo a Alexis en el mundo dulce y fatalista del pensamiento oriental; sus historias no solamente lo conmovieron, sino que, sustrayéndolo a la influencia del pensamiento europeo, tornaran su espíritu en sonoro receptáculo de exotismos.

No obstante, de acuerdo con la tradición de los Léger, viajó a Francia con el fin de continuar sus estudios tal como correspondía a su linaje. Once años tenía cuando vio por vez primera el Arco del Triunfo. Estudió leyes, se destacó por sus dotes y en 1910 publicó su primer libro firmando con el seudónimo de Saint-John Perse, nombre con el que posteriormente adquiriría fama mundial.

En 1914 entró en la carrera diplomática. Antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial, en 1917, lo destinaron a Pekín. De nuevo el pensamiento oriental cobro actualidad en su mente, llena de sonoridades excepcionales. Durante cuatro años permaneció en Pekín, vinculado a los círculos intelectuales, aprendiendo cada día una nueva lección.

En 1921 tuvo que concurrir a la Conferencia del Desarme. Europa empezaba a curar sus hondas heridas y Francia participaba entonces de los arduos problemas cuya solución no evitó que nuevas nubes se cerniesen sobre el horizonte. En 1933 fue nombrado secretario del Ministerio de Negocios Extranjeros, desarrollando en este cargo gran actividad.

En 1940, Francia capituló ante el avance de los alemanes. Léger no se resignó a vivir esclavo: su canto no podía ceñirse a la dialéctica de los conquistadores, porque estaba hecho para un mundo de paz, de amor, de esperanza. Marchó, pues, hacia América. Allí tuvo la quietud, toda la quietud necesaria, pudo seguir construyendo esa obra lírica que, en 1960, le valía la recompensa del Premio Nobel de Literatura.


Obras

Eloges (Elogios) (1911)

Anabase (Anábasis) (1924)

Exil (Exilio) (1944)

Amers (Amargos) (1957)

Chronique (Crónica) (1960)

Poésie (Poesía) (1961)

Oiseaux (Pájaros) (1963)

Vents (Vientos) (1964)


Estilo

Francia tiene en Saint-John Perse, un brillante poeta, producto del refinamiento social más acabado. Saint-John Perse es un lírico en toda la extensión del vocablo, un formidable hacedor de mundos nuevos, extensos, pródigos en imágenes. Recorrerlos no resulta sencillo, porque sus laberintos, aún iluminados por la metáfora oportuna, son a veces un tanto oscuros. Por ellos transitan gran parte de las experiencias de un noble señor, que conoció los halagos de la abundancia, la tentadora magnificencia de los salones elegantes, el mecanismo siempre difícil, complicado y febril de la diplomacia, el dolor del exilio, la angustia del patriota que se enfrenta con el desastre de su país ocupado por los invasores.

De todo hay en la obra del gran vate: sus ya lejanas vivencias del Guadalupe nativo, las extrañas historias de sus antepasados, el recuerdo nostálgico de las canciones de cuna que oía de labios de una niñera hindú, la azarosa búsqueda de una paz que nunca llegó para Europa, dan a sus cantos una cadencia exótica, un tono personal, íntimo, sentido y cálido por sobre toda otra circunstancia.

El exotismo, particularmente, marca una faceta muy atractiva en el lirismo de Saint-John Perse: sus planos tienen algo misterioso, indescifrable, un toque casi mágico, hechizado, que nos alienta a buscar las raíces de pasión, siempre inasibles, siempre presentes. Ellas existen, están allí, pero descubrirlas no es tarea sencilla, aunque sí placentera; descubrirlas, significa internarnos en estrofas majestuosas, estructuradas con esmero, con prolijidad y con paciencia ejemplares.

De esta cadencia, plañidera por momentos, descarada, llena de resonancias que proceden de lo ignoto, Léger extrae, como del sombrero de un mago, su mensaje sorprendente, deslumbrante y desconcertante. No escala las alturas trepando, sino que las alcanza con un vigor y una decisión que tienen mucho de vuelo de águila.

Su valor le permite conciliar lo etéreo con lo humano, lo sencillo con lo complejo, lo cotidiano con lo enigmático e insólito.


Textos

Anábasis

Recitación en elogio de una Reina

“Alto asilo de grasas hacia el que marchan los deseos
de un pueblo de guerreros mudos tragadores de saliva,
¡oh Reina! ¡rompe la concha de tus ojos, anuncia
en tu hombro que ella vive!
¡Oh Reina, rompe la concha de tus ojos, sé propicia a
nosotros, acoge
el atrevido deseo, oh Reina, como un buen rato bajo el
aceite, de bañarnos desnudos ante Ti,
los muchachos!”

(Fragmento. © de la traducción, José Luis Rivas, 2009)

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